A veces es difícil, claro que sí. Intentamos, con todas las fuerzas, con todas las ganas, con toda la voluntad. Hacemos lo que creemos que debemos hacer, con los mejores sentimientos, con la mayor entrega Y no lo logramos.
Pareciera, por el contrario, que cuanto más nos esforzamos por lograrlo, más obstáculos encontramos. Y la posibilidad de conseguir, por fin, aquello por lo que luchamos, se escurre de entre nuestros dedos como arena fina. ¿Por qué sentirnos culpables? Muchas veces, son las personas que nos rodean quienes cometen los errores, quienes han perdido el norte, quienes ya no son quienes eran Y si no, si fuimos nosotros, pues a aceptarlo y continuar la marcha ¿Por qué sentirnos tristes? Cada día trae su afán, dice el refrán, el HOY es lo más importante, pues nos pone de pie frente al mañana.
Por eso, a sonreír, a cantar, con toda el alma, a comenzar nuevamente. Es ancho y largo este mundo nuestro y la vida merece ser vivida con alegría, con entusiasmo, sin desencantos permanentes. Si el fracaso estuvo en la tarea, los sentimientos nos devolverán el optimismo, si la decepción estuvo en los sentimientos, es el trabajo quien nos pondrá nuevamente en la línea de salida y si, por fin, el tropiezo estuvo en las actitudes, sentimientos y trabajo vendrán a nuestro auxilio para recomenzar cada vez. Sin culpas, sin rencores, sin dolores, sin sensaciones de fracaso. Cada día trae su afán, es cierto, y también su alegría, su esperanza, su satisfacción, su goce. A disfrutarlo, entonces.
Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar.
Decidí no esperar a las oportunidades sino buscarlas yo mismo.
Decidí ver a cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí ver cada desierto como la oportunidad de hallar un oasis.
Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.
Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival, no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas está la única y mejor forma de superarme.
Aquel día dejé de tener miedo a perder y empecé a temer no ganar.
Descubrí que yo no era el mejor y que quizás nunca lo fui.
Me dejó de importar quien ganara o perdiera, ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima sino jamás dejar de subir.
Aprendí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, el amor es una Filosofía de Vida.
Aprendí que de nada sirve ser luz si no voy a iluminar el camino de aquellos a quienes quiero.
Aprendí que los sueños son sólo para hacerse realidad.
Y, desde aquel día ya no duermo para descansar. Ahora ,simplemente duermo para soñar.
