jueves, 24 de septiembre de 2009

LOS NIÑOS DE EXTREMADURA

Del archivo literario de la antigua Union Sovietica, extraemos el manuscrito de un poema inédito de Rafael Alberti, escrito en 1935 y dedicado a los niños pobres de Extremadura, de aquellos años de miseria. Aquellos niños de entonces que son nuestros padres y abuelos de ahora y que desde la penumbra agria de su pobreza, supieron unir el esfuerzo y el trabajo de sus manos y de su sangre a la sabia generosa de esta tierra, para construir los cimientos de aquel mañana, y de este hoy, de pan, paz, justicia y libertad. Nuestro homenaje a aquellos pobres niños de ayer, Nuestro recuerdos a nuestros dignos mayores de hoy.

















LOS NIÑOS DE EXTREMADURA

Los niños de Extremadura

van descalzos.

¿Quién les robó los zapatos?

Les hiere el calor y el frío.

¿Quién les rompió los vestidos?

La lluvia

les moja el sueño y la cama.

¿Quién les derribó la casa?

No saben

los nombres de las estrellas.

¿Quién les cerró las escuelas?

Los niños de Extremadura

son serios.

¿Quién fue el ladrón de sus juegos?

(El poeta en la calle, 1935)

3 comentarios:

ROSA dijo...

Precioso mi querido amigo y muy significativo
Los niños de Extremadura gracias a Dios hoy saben reir....

Un besito Rosa

Cruz Diaz dijo...

Gracias mi querida Rosa:

Tenemos que agradecer a nuestros mayores el esfuerzo y el sacrificio de aquella lucha contra todas las dificultades del momento. Ellos tenian fe en este presente.

Me viene a la memoria, recordando aquellos niños de nuestra tierra, los versos desgarrados de Miguel Hernandez, el poeta de mi juventud.

EL NIÑO YUNTERO
Miguel Hernández

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insastisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente,
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

(del libro "vientos del pueblo")

garciguti dijo...

http://garciguti.blogspot.com/2012_01_01_archive.html#6607976904929410438

Este enlace, desconocida amiga, remite a una reciente entrada de mi blog La materia del sueño que tiene que ver con los sentimientos que inspiraron tu antigua entrada.
Un cordial saludo.
garciguti.blogspot.com